miércoles 8 de septiembre de 2010

UNA VISITA AL VOLCÁN DE COLIMA






UNA VISITA AL VOLCÁN DE COLIMA*
por Albert S. Evans
(Traducción de Carlos A. Salgado)



Una vasta extensión de centelleante mar zafiro; cabos abruptos y rocosos marcando la estrecha entrada al magnífico puerto cerrado; a diestra y siniestra, litorales delineados con palmeras; al fondo, cielo azul profundo y sol ardiente sobre un océano de suntuosa vegetación verdísima; y coronándolo todo, al lejano noreste, una colosal montaña cónica, monarca de toda la costa, con blanco pálido como remate, y ligero vapor grisáceo girando sobre su cima.

Este, en resumen, es el paisaje que desde la cubierta del vapor nos da la bienvenida por la mañana, mientras nos deslizamos rápidamente hacia tierra. El mar es el Mar de Cortés de los antiguos navegantes españoles, o la boca del Golfo de California, como lo conocemos hoy día. El puerto es el de Manzanillo; los litorales delineados con palmeras y los cabos, gloriosos con sus primaveras multicolores y un millar de flores sin nombre, son parte del estado de Colima, en el occidente de México. El sol y el cielo son los de los trópicos; y la altísima montaña es el gran Volcán de Colima, en cuyas profundas cavernas el demonio de la destrucción y la desolación ha dormido durante cientos de años, pero que ahora retorna entusiasta a la actividad y a la vida violenta.

Nuestro querido vapor pasa velozmente entre los cabos, el gran cañón en la cubierta frontal arrojando un estruendoso aviso de su llegada; el volcán se hunde lentamente en el océano de verdor y desaparece de nuestra vista; nuestra ancla salpica al bajar; el vapor se balancea frente a un pueblo disperso y pintoresco; estamos en Manzanillo.

Mientras los pasajeros que están de paso compran naranjas, plátanos, conchas, etc., etc., a los lancheros, quienes como enjambre rodean rápidamente al buque para colectar su cosecha mensual, nosotros, que vamos al gran volcán, tomamos nuestros asientos en el bote de la aduana, y pronto estamos en suelo mexicano.

Manzanillo es en el mejor de los casos un sitio insalubre, y no nos preocupamos por permanecer en él una hora más de lo estrictamente necesario.

“No pueden hacer nada sin un mozo”

“Y un mozo es-”

“Un sirviente que actuará de mayordomo, milusos, representante y, de hecho, se hará cargo de que todo se lleve a cabo. Por ocho dólares al mes, él comprará todo para ti, logrando una pequeña ganancia por cada artículo que pase por sus manos; se ocupará de todos tus asuntos; te ahorrará un montón de problemas, y no permitirá que alguien más te engañe.”

Contratamos a uno que proviene de una familia respetable y está bien recomendado. José María es su nombre. Es un tipo listo y buen sirviente -de entre los sirvientes en México. Caballos -un poco más grandes que ponis Shetland, flacos, mal comidos, y sin herraduras, con apariencia de ser apenas capaces de llevar el peso de las grandes sillas españolas- son enseguida rentados y preparados para el viaje.

“¡José María!”

“Sí, señor, a su orden.”

“¿Qué tan pronto podremos salir?”

“Pronto, pronto, señor.”

Bien podemos tomar los caballos e ir por el arenoso sendero de herradura a través de los bosques hasta el final de la Laguna de Cuyutlán, y de ahí por la nueva carretera a Colima, o bien alquilar un bote que nos lleve 30 millas laguna arriba, y mandar a cargo de José María nuestros caballos por el sendero, para encontrarnos en el embarcadero. El sol está fuerte en la Tierra Caliente, incluso ahora a mitad del invierno, y concluimos, considerándolo todo, ir laguna arriba en bote. Un desayuno de carne con chile -carne de res y pimiento-, el delicioso chocolate de Colima -¡qué pena es que los cocineros americanos y europeos no tengan idea de cómo preparar adecuadamente el chocolate para la mesa!-, tortillas de maíz -panqueques delgados de maíz descascarado molido-; frijoles -pequeños frijoles colorados o morados, cocinados hasta estar muy blandos, y en verdad un platillo delicioso para un hombre hambriento-; pollo, y un omelet muy decente, todo por cincuenta centavos por cabeza -y nos han cobrado el doble, al ser extranjeros. Terminado el desayuno, estamos impacientes por partir. Ya es la 1 p.m.

“¡José María!”

“Sí, señor, a su orden.”

“¿Estás listo?”

“Pronto, pronto, señor.”

“¡Juan de Dios!”

“Sí, señor, a su orden.”

“¿Estás listo con el bote?”

“Pronto, pronto, señor.”

A las 2 p.m. el capitán de buque, Juan de Dios, reúne a sus remadores vestidos con taparrabos, y llevan nuestro escaso equipaje, a través de la angosta sierrita tras el pueblo, hasta el bote en la laguna, el cual se está vaciando y poniendo a punto para el viaje. Cuarenta y nueve pequeñas demoras, y a las 3 p.m. estamos casi listos.

Juan de Dios se acerca, sombrero en mano.

“Sus excelencias, yo soy un hombre muy pobre, y los tiempos son difíciles y el trabajo escaso. ¿Podrían hacer un favor a su humilde servidor con un adelanto de dos dólares para comprar algunas pequeñas provisiones para el viaje?”

Podemos y lo hacemos. Él regresa a la hilera de chozas de techo de carrizo en las afueras del pueblo, y no lo vemos más en una hora. En ese lapso llega José María, con una joven mujer nativa bastante bonita, de ojos negros destellantes, lustroso cabello negro azulado, una camisa blanca de algodón, que medio esconde, medio enseña los generosos encantos de su persona, y una falda de manta de llamativos colores. Ella trae consigo una botella de licor incoloro, etiquetada “Mescal Doble Refinado”, y una docena de manojos de verdaderamente buenos cigarritos Orizaba, los cuales quiere que nosotros, los extranjeros distinguidos, aceptemos como muestra de su reconocimiento a nuestra virtud y prueba de su amistad. Por supuesto no podemos robar a la pobre muchacha tomándolos por nada. ¿Pudiera ella aceptar un insignificante dólar como muestra de nuestra estima, amistad, etc., etc.? Lo hará.

¡La nada mañosa hija de la tierra de la palma y el maguey no ha perdido nada en la transacción! Ahora sabemos que el mescal costaba sólo doce centavos y medio, y los cigarritos tres centavos por manojo, o un total de cincuenta centavos.

“¡José María!”

“Sí, señor, a su orden.”

“¿Ya estás casi listo?”

“Pronto, pronto, señor.”

Ya son las 4.30 p.m. Descubrimos que no nos hemos hecho de nada para la comida y el desayuno, los cuales requeriremos antes de encontrar una fonda. En media hora más José María consigue un par de botellas de tinto, algunos huevos, pan, sardinas, etc., etc. Luego los huevos deben hervirse. Por fin están listos y en el bote. Luego José María quisiera un avance de dos dólares y cincuenta centavos; con el fin de lucir como un digno representante de nuestras distinguidas excelencias, se ha visto obligado a comprar un nuevo par de pantalones de cuero y una nueva camisa de manta. Obtiene el dinero, y a las 6 p.m. monta a su caballo, pone a los otros dos por delante, y arranca con un sonoro “¡Ah-ha-ha-ha-ha-ha-ha-ha-ha! ¡Vamos!” y un salvaje tintineo de espuelas y vibrar de machetes, y rápidamente se pierde de vista en el chaparral.

Juan de Dios, sombrero en mano, anuncia que todo está listo, y subimos al bote y nos vamos; con toda la gente del barrio saliendo a decirnos adiós; al tiempo que el sol, llenando todo el cielo de dorado y carmesí, carmín, púrpura, y bermellón, colores que uno nunca ve en el cielo de climas más fríos, desciende a su lecho en el océano occidental. Nuestra travesía en el bote duró toda la noche, y fue más bien tediosa. Al otro lado de la laguna, al cual llegamos al romper el día, encontramos a José María esperando con nuestros caballos. Montamos, y cabalgamos todo el día a través de terreno pintoresco, casi deshabitado.

Justo cuando el sol se está poniendo en el oeste, salimos a un amplio camino alguna vez hermosamente enlosado con bloques de lava, pero ahora deshecho, y en algunos lugares casi intransitable, y vemos a la distancia ante nosotros los techos rojos y las paredes blancas de la vieja ciudad de Colima, la gema del México tropical, rodeada de naranjales y altísimas palmas de coco. La escena es encantadoramente bella, y se torna más adorable conforme nos acercamos a la ciudad, y la luz dorada del día da paso a la sombra púrpura del ocaso. Cabalgamos a galope a través de suburbios medio en ruinas y calles estrechas flanqueadas con jardines llenos de todas las frutas preciosas y flores brillantes de los trópicos; pasamos la plaza, ahora decorada con palmas y coronas de flores al estarse celebrando alguna fiesta religiosa, y la cárcel, donde los tambores redoblan y los viejos clarines tocan el llamado al desfile nocturno de las tropas piel-morenas y blanco-uniformadas de la república que hacen guardia allí. Al fin nos apeamos bajo el portal frente al consulado americano, sobre el cual ondean las barras y las estrellas. La cabalgata de todo el día ha terminado. Nuestras cartas de presentación al cónsul, Dr. Augustus Morrill, nos aseguran una cordial bienvenida, y se nos hace sentir como en casa esa noche bajo su techo hospitalario, pasando una grata velada en compañía de su amable familia.

Colima es pintoresca y curiosa, antigua y de lleno morisca como Sevilla o Granada. Con la primera luz del día subimos a la azotea y contemplamos la ciudad y sus alrededores. No hay nada que ver que luzca siquiera un poco familiar a nuestros ojos. Las calles están llenas de hombres y mujeres yendo o regresando de los mercados, pero no se ve un solo carro u otro vehículo de ruedas. Pequeños burros, cubiertos hasta las puntas de sus narices y los extremos de sus colas con forraje de maíz, trotan en grupos de seis, bajo el mando de un tipo enorme y moreno con sombrero de ala ancha, pantalones blancos holgados, y pesado sarape, montado a sus anchas en el último de la fila, soltando golpes con un garrote, y sermones que suenan casi como blasfemias, a un lado y otro, con imparcial soltura. Otros cargan cántaros de barro rojo, dos en cada lado, colgados de un armazón de madera; y otros más, enormes cantidades de vegetales y frutas en cestas de mimbre. Las casas son casi todas de una sola planta, y techadas con tejas de barro rojo, del diseño llevado por los moros a España siglos y siglos atrás. Unas pocas de las mejores casas, destinadas al comercio, son más altas, y una frente a la plaza tiene como fachada un largo portal con arcos, bajo el cual muchos pequeños comerciantes hombres y mujeres despliegan sus mercancías, y es un ejemplar tan perfecto del más puro estilo arquitectónico morisco como puede ser encontrado en la tierra. Un río flanqueado con ruinas, resultado de batallas e inundaciones, bordea la ciudad por un lado, y hacia el otro miramos más allá de exuberantes palmas y verdísimos platanares y contemplamos el gran volcán, levantando sus cerca de catorce mil pies al cielo azul, encarnación de majestuosidad y belleza, encantador y sin rival, el monarca indiscutible de un vasto y glorioso reino. Volutas de humo se elevan en rededor del pico principal, que desde este lado parece un cono perfecto, y por un largo trecho de sus laderas púrpuras se extienden campos opacos de lava, que fluyó por ahí durante la última gran erupción muchos años atrás, cuando toda la comarca se sacudió y tironeó como el corazón del océano en una tormenta; y la grandiosa y vieja Catedral de Colima, frente a la plaza, se vino abajo hasta quedar como un montón de ruinas, tal como yace hoy en día. Hay algo gloriosamente romántico y oriental en lo que vemos y sus alrededores.

Al amanecer partimos a galope hacia el volcán. José María nos sigue muy de cerca con un asistente, cuya especial responsabilidad es correr al lado de las dos mulas de carga que llevan nuestro equipaje, lanzarles piedras cuando se rezaguen o se desvíen del camino, y maldecirlas hasta que el mismo aire se torne azul cuando muestren intenciones de frenarse y abandonar la lucha en cualquier punto particularmente malo del camino.

Cabalgamos todo el día a través de lugares sumamente interesantes, los cuales no tengo espacio de describir, y al atardecer salimos a una meseta alta, en la cual está situado un miserable caserío de pequeñas y bajas chozas de paredes de piedra y techos de palma, en el cual habremos de pasar la noche.
 
*publicado en idioma inglés en 1872. Lo mostrado aquí es un avance del borrador de la traducción que será publicada próximamente por el sello editorial Tierra de Letras.

jueves 12 de agosto de 2010

THE HOUSE OF LOVE Podcast


El podcast que terminó de construir la no planeada trilogía, si bien todavía parcial, de programas dedicados a bandas favoritas. Grabado en la segunda quincena de mayo pasado como tema un tanto improvisado: no estaban las cosas para un programa de feeling good songs. Queda eso pendiente. The House of Love, banda con una primera vida relativamente corta (1986-1993) y un regreso, al parecer fugaz, en 2005. Creadores de la música que acompañó a un puñado de amigos a través de muchas cervezas e inocentes frustraciones, decepciones -sufridas e infligidas-, engaños, desengaños, y hasta uno que otro gran éxito, no menos ingenuo y juvenil. En buena parte, "they made it good to be alone".


Podcast #4 ALGUNOS DE MIS MEJORES AMIGOS SON CANCIONES

REAL ANIMAL
TOUCH ME
MR. JO
BLIND
SE DEST
PINK FROST (The Chills)
MAYBE YOU KNOW

lunes 5 de abril de 2010

FEELING OH SO SAD Podcast


El tercer podcast ha sido un intento de compartirles algunas de las canciones más tristes en nuestras discotecas. Es algo tan subjetivo que podrán no concordar con las elecciones, pero sobre todo, seguramente se les ocurrirán tantas otras. Vaya un reconocimiento a todas ellas.

Feeling oh so sad
Podcast #3 ALGUNOS DE MIS MEJORES AMIGOS SON CANCIONES

St Vincent and The National - SLEEP ALL SUMMER
Richard Hawley - NO WAY HOME
The The - THIS IS THE NIGHT
Trembling Blue Stars - HEADLIGHTS
Low - DEATH OF A SALESMAN
Spiritualized - ALL OF MY TEARS (Live)
Dent May & His Magnificent Ukelele - I'M AN ALCOHOLIC
Nico - THESE DAYS

Letras


jueves 18 de marzo de 2010

FELT Podcast


El segundo podcast del blog, grabado en febrero de este año, ha sido dedicado a la banda creada por el legendario Lawrence: Felt. Se trata de otra primera parte, en donde comentaremos sus grabaciones para la disquera Cherry Red y el inicio de su afiliación a Creation.


Felt
Podcast#2 ALGUNOS DE MIS MEJORES AMIGOS SON CANCIONES

SOMETHING SENDS ME TO SLEEP
PENELOPE TREE
THE WORLD IS AS SOFT AS LACE
SUNLIGHT BATHED THE GOLDEN GLOW
MY DARKEST LIGHT WILL SHINE
I DIDN'T MEAN TO HURT YOU

sábado 23 de enero de 2010

ECHO AND THE BUNNYMEN Podcast


El primer podcast del blog, grabado a finales de 2009, ha sido dedicado al (otro) cuarteto de Liverpool. Nacido de la escena del club Eric's en 1978, el grupo formado por Ian McCulloch y Will Sergeant (uno de los tándemes cruciales para entender la música rock de las últimas tres décadas), y completado por Les Pattinson y el trinitario Pete DeFreitas, nos regalaría en la primera mitad de los 80 una seguidilla de cuatro excepcionales álbumes para el sello Korova de Warner. Aquí podrán escuchar seis canciones de esos primeros y gloriosos años (1979-1985), aderezadas por comentarios (cortesía de Vishlai Pineda y el que aquí escribe), que tratarán, en el mejor de los casos, de dar a las grabaciones presentadas cierto contexto histórico-musical. En su mayoría, estropearán todo.




Echo and The Bunnymen
Podcast #1 ALGUNOS DE MIS MEJORES AMIGOS SON CANCIONES

STARS ARE STARS (John Peel Session)
GOING UP
ALL I WANT
HEADS WILL ROLL
MY KINGDOM
BED BUGS AND BALLYHOO

lunes 4 de enero de 2010

MY WHITE BEDROOM

Este es uno de esos casos en los que existe la versión en CD de la grabación, pero es tan improbable toparte con ella, que la decisión sobre si mejor comprar el acetato sale sobrando. Mi copia está casi inmaculada, excelente para compartirles este Mini LP de siete pistas. Dado que la última entrada del blog fue dedicada a The House of Love, me parece de lo más ligado retomarlo con My White Bedroom, de donde provendrían dos de sus miembros destacados.
La historia gira alrededor de Patric, quien grabara como tal un sencillo para el sello Orange en 1989, pero que desde 1985 conjuntara My White Bedroom para tocar sus canciones en directo. Su bajista era nada menos que Chris Groothuizen, quien se marcharía en 1986 al ser reclutado por Guy Chadwick para formar The House of Love. Y su guitarrista no era otro que Simon Fernsby (mejor conocido como Simon Walker), quien dejaría a Patric en 1988 para colaborar en The Dave Howard Singers, y a quien acudirían Groothuizen y Chadwick pidiéndole suplir de extrema urgencia a su amigo Terry Bickers, expulsado de The House of Love a media gira promocional de su primer álbum para Fontana (1989). Simon accedería y permanecería con HOL (eventualmente como miembro oficial) hasta terminada la grabación de Babe Rainbow (1992). Es en ese estado de cosas, con Groothuizen y Walker en The House of Love, que se llega al disco que me ocupa.

Con las escandalosas ganacias derivadas del contrato con Fontana, Guy Chadwick y Chris Groothuizen lanzan Plastic Records, al tiempo que Patric es soltado por Orange. Chris acepta la idea de Patric de editarle y producirle un álbum en Plastic, junta el dinero (Alan McGee, entonces manager de HOL, pondría un par de miles), y graban en dos semanas a finales de 1989. Sin embargo, el disco no saldría al mercado sino hasta mayo de 1991. Chris toca el bajo en todas las pistas y Simon Walker la guitarra en las pistas A1, B2 y B3. El baterista fue, quizá lógicamente, Pete Evans, haciendo de este un disco que en tres de sus siete canciones se escucha a 3/4 partes de la formación de The House of Love de principios de los 90.
Más allá de la anécdota y el encanto que conlleva su oscuridad (y por la cual está aquí), la calidad musical del artefacto no es pareja, pero tiene sus detalles a lo alto. Su sonido es muy circa 1990, y no me refiero a las composiciones (la paleta de influencias de Patric es amplia en tiempo y un poco menos en estilo), sino a la producción. La misma la puedes escuchar en los discos de The Wendys, The Dylans y demás bandas Madchester de segundo y tercer rango y no muy alto presupuesto. El primer par de pistas enseñan el lado más setentero de Patric; aunque sin mucho que ver con el resto de la instrumentación, destacaría los sonidos de Walker en Lazergun, quien extraña e ironicamente amaga con imitar los "sonidos de ballena" que son la marca registrada de Terry Bickers, su predecesor en HOL. Mas no es necesaria la presencia de Walker para que se asome el fantasma de Bickers, para ejemplo Into The Light Now, que es también donde Groothuizen aporta el bajo más HOL del disco. Lovechild, desde su título, se acerca peligrosamente a Carlos Santana a través de Walk On By por Dionne Warwick, pero vale la pena descubrir en ella otra influencia: Lawrence/Felt, inspiración mejor trabajada en This Time, que es menos Let The Snakes... y más Poem Of The River (particularmente She Lives By The Castle). Patric parece no decidirse si cantar como Lawrence o Chadwick en Ocean, pero en The Garden ya está convertido en Guy, y con Simon (aquí mitad Bickers mitad Sergeant), Chris y Pete detrás, el efecto es a la vez genial y bizarro, a la vez lo que fue, lo que nunca pudo ser y lo que era pero en otra parte; es para mí la mejor del LP y de paso en donde mejor efecto logran los coros de la hermana de Patric. En suma, el disco es una curiosidad.

My White Bedroom (Mini LP Plastic Records, PIAS LP 002, 1991)

A1. LAZERGUN
A2. LOVECHILD
A3. MESSAGE
A4. OCEAN
B1. INTO THE LIGHT NOW
B2. THE GARDEN
B3. THIS TIME

sábado 20 de junio de 2009

THE HOUSE OF LOVE Shine On (demo version) / Christine (demo version)

Este 7" con las dos canciones que el tiempo volvería las más emblemáticas de la banda fue prensado para incluirse como regalo con las primeras copias de su LP debut (The House Of Love LP, Creation), que saliera a la venta en mayo/junio de 1988. Los demos quizá daten de finales de 1986 o principios de 1987, pero ambas canciones germinaron en la cabeza de Guy Chadwick en 1985, cuando se encontraba fuera de la industria musical después de haber liderado la banda Kingdoms, con la que grabara un fallido sencillo en 1984 para el sello Regard, subsidiario de RCA. Con este fracaso a espaldas, un matrimonio recién terminado, trabajando como chofer y ya mediados sus veinte, Chadwick meditaba cómo demostrar a sus adinerados padres que no era una causa perdida. Uno de los ya míticos riot gigs de The Jesus and Mary Chain en el Electric Ballroom (Londres) serviría como catalista para poner un anuncio en la Melody Maker en busca de músicos que gustaran de The Velvet Underground y le ayudaran a recrear la música que ya sonaba en su cabeza. Uno por uno serían reclutados Terry Bickers (primera guitarra), la germana Andrea Heukamp (guitarra y vocales de soporte), y el neozelandés Chris Groothuizen (bajo), los tres jóvenes squatters (ocupantes ilegales de vivienda) del barrio de Camberwell en el sureste de Londres. Un viejo amigo de Chadwick, Pete Evans (batería), terminaría de formar el quintento que permanecería inalterado hasta noviembre de 1987.

Una vez la banda completa, el siguiente paso era interesar a los jefes de Creation Records, entonces casa de la Mary Chain. A primeras ni Dick Green, ni Jeff Barrett, ni Alan McGee mostrarían el mínimo interés en los demos enviados por Chadwick, mas la entonces esposa de este último no dejaba de tocar Shine On en la oficina, una de las canciones en el último casete recibido. Eventualmente, Alan McGee visualizaría su potencial y los invitaría a grabar un sencillo. Entre las condiciones estaba la elección de Shine On como lanzamiento, echando a la borda la sugerencia de Chadwick de que fuera Christine y guardar la primera para cuando la banda estuviera mejor posicionada en el mercado. Shine On (12" CRE 043T) saldría a la venta en mayo de 1987 y sería nombrado Single Of The Week en la NME por Danny Kelly, pero fue curiosamente su tercer sencillo para Creation, y el último grabado antes de la salida de Andrea, Christine (7" CRE 053, 12" CRE 053T, CD CRESCD 053, 1988), el que sería reconocido como un clásico instantáneo, toparía la lista de ventas de música independiente, y los pondría en posición de herederos temporales de la adulación de prensa antes volcada a The Smiths. Más allá de la crítica y las ventas, mucha de la importancia de Christine radica en ser la liga entre los atmosféricos primeros años 80 y el boom shoegaze de principios de los 90.

Después de dejar el mundo indie y firmar para Fontana, una versión regrabada de Shine On sería lanzada como sencillo en 1990, convirtiéndose en el único Top 20 de la banda. Guy Chadwick no andaba tan errado.

Shine On (demo version) / Christine (demo version) (7" Creation, CREFRE 01, 1988)

A1. SHINE ON (DEMO VERSION)
B1. CHRISTINE (DEMO VERSION)